Roberto Manrique: «El vértigo de lo nuevo es el origen de la emoción»

03/04/2026

Hay obras que nacen para entretener y otras que llegan para remover. «Tantas flores» pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. Protagonizada por el actor Roberto Manrique y el Premio Nacional de Danza, Chevi Muraday, y escrita por el poeta y dramaturgo Alejandro Palomas, no es solo una pieza escénica: es una experiencia emocional que se instala en el espectador y le obliga a mirar hacia dentro, a cuestionar silencios y a nombrar lo innombrable. En ese territorio íntimo, donde el duelo, la vulnerabilidad masculina y la fragilidad humana se entrelazan, aparece Roberto Manrique, dispuesto a dar uno de los saltos más arriesgados de su carrera.

Actor consolidado, rostro reconocido y figura habitual de los escenarios y la pantalla, Manrique se enfrenta ahora a un reto radicalmente distinto: contar desde el cuerpo tanto como desde la palabra, bailar sin ser bailarín y exponerse desde un lugar nuevo, haciéndolo, además, bajo la dirección de alguien en quien confía profundamente, Chevi Muraday.

El resultado no es solo una evolución artística, sino también personal. Porque en «Tantas flores«, Roberto no interpreta únicamente, se presta, se abre y se deja atravesar por preguntas que no tienen respuestas fáciles. Y quizá por eso, cuando habla, lo hace con una honestidad que desarma.

El origen de un “sí” inevitable

Hay decisiones que no necesitan pensarse demasiado. Para Roberto Manrique, aceptar formar parte de «Tantas flores» fue una de ellas. “Podemos llamarlo una clara política: todo lo que diga Chevi, todo sí”, confiesa entre risas, dejando claro que su implicación en el proyecto tiene un punto de fe absoluta. Pero más allá de esa confianza, había algo más profundo latiendo: un deseo que llevaba tiempo sin nombrar. “Yo llevaba tiempo queriendo bailar”, reconoce. No desde la técnica ni desde la formación académica, sino desde una intuición. Desde esa necesidad que aparece sin previo aviso y que, cuando se identifica, ya no desaparece.

El destino hizo el resto. Una propuesta inesperada, una coincidencia casi perfecta que le permitió ver la obra en su versión original y, sobre todo, el impacto de una historia que aborda temas aún incómodos en muchos contextos: el duelo, el suicidio y la vulnerabilidad masculina. “Ahí se terminó de redondear todo. Era algo que en efecto yo quería hacer”, recuerda el actor.

Roberto Manrique y Chevi Muraday en «Tantas Flores»

El vértigo de empezar de nuevo

Para un actor acostumbrado al texto, al diálogo y a la construcción desde la palabra, lanzarse a una propuesta donde el cuerpo tiene un peso igual —o incluso mayor— supone enfrentarse a un territorio desconocido. “Es un salto al vacío”, admite. “Hay un vértigo real”. Pero lejos de paralizarle, ese miedo se convierte en motor, en energía creativa y en la emoción misma del proceso. “Ese susto del riesgo de lo nuevo en escena es también el origen de la emoción”, afirma.

La clave, sin embargo, está en el acompañamiento. En saber que no está solo en ese proceso. “Sabía que lo iba a hacer al lado de alguien en quien confío plenamente”. Y no solo por la relación personal, sino por una filosofía de trabajo que marca la diferencia: crear desde el disfrute, no desde el sufrimiento. “Es muy común trabajar desde la resistencia, desde la lucha… pero aquí es desde el gozo. Y ahí es cuando yo mejor creo”.

Preparar el cuerpo… y todo lo que viene con él

El trabajo para «Tantas flores» no comenzó en la sala de ensayo. Empezó meses antes, en una preparación más silenciosa pero igual de importante: el cuidado del cuerpo. “Más que construir algo desde fuera, he estado atendiendo lesiones”, explica. Una decisión práctica, pero también reveladora, porque en una obra donde el cuerpo es herramienta principal, cualquier limitación física puede convertirse en un obstáculo emocional.

El proceso de montaje se desarrolló en dos etapas, con ensayos intensivos en Madrid que permitieron medir capacidades, ajustar expectativas y, sobre todo, ganar confianza. “Eso nos dio una radiografía de por dónde iba todo. Y mucha tranquilidad”.

El actor reconoce que no es bailarín… pero que necesitaba hacerlo.

Lo que Roberto le presta al personaje

En «Tantas flores» se habla de temas complejos, incluso incómodos. El suicidio, la enfermedad o la pérdida, y es ahí donde la línea entre actor y personaje se vuelve más difusa. “Es curioso porque estos temas han aparecido mucho en mis últimos trabajos”, reflexiona. Lejos de ser una coincidencia, parece formar parte de un recorrido personal y artístico. “Siento que mi camino ha sido darle voz a este tipo de temas”.

Aunque no haya vivido de forma directa algunas de estas experiencias, sí conecta con ellas desde otro lugar: el miedo, la anticipación y la reflexión. “Le presto al personaje mis miedos”. Habla, por ejemplo, de su padre, de una despedida vivida desde la serenidad y, en contraste, de la incertidumbre que siente al pensar en el futuro con su madre. “Ese universo de miedos personales está vivo en la obra”. Y es precisamente ahí donde el teatro se vuelve más poderoso: cuando lo que ocurre en escena no es solo representación, sino también verdad emocional.

Romper la idea de lo que “debe ser” la danza

Uno de los grandes aprendizajes del proceso ha sido desmontar prejuicios. “La idea que tenemos del bailarín está llena de conceptos preconcebidos”, explica. Líneas perfectas, estética estilizada, movimientos técnicamente impecables… Pero «Tantas flores» no busca eso, busca verdad. “Ha sido muy hermoso romper con esa idea. Que el movimiento sea real, orgánico y que exprese lo que estás viviendo”. Ese cambio de mirada no solo transforma la forma de bailar, sino también la forma de sentir el escenario.

«Aquí no hay personaje: hay verdad»

El impacto en el público: cuando la obra continúa fuera del teatro

Antes del estreno oficial, el equipo realizó algún ensayo con público. Y lo que ocurrió confirmó algo importante: la obra no termina cuando baja el telón. “La gente necesitaba tiempo para procesar”, cuenta. Silencios largos. Miradas perdidas. Comentarios que no llegan de inmediato. “Alguien dijo: tengo que llamar a mi mamá”. Ese tipo de reacción es, para Roberto, el mayor logro posible. “Me encanta ser parte de experiencias teatrales que generan eso”.

Giras, proyectos y nuevos caminos

El recorrido de «Tantas flores» comenzará en Ecuador, con funciones en Quito, Guayaquil y Manta. Y aunque existe el deseo de llevarla a España, aún depende de agendas y tiempos. Pero Roberto no se detiene. Su universo creativo sigue expandiéndose. «El juego de ser perfecto«, su obra más personal, ha recorrido varias ciudades y ahora evoluciona hacia nuevos formatos: podcast, charlas e incluso un futuro libro. “Se ha vuelto un ecosistema”, explica. Una plataforma para seguir explorando el autoconocimiento, la autenticidad y la identidad más allá de lo socialmente impuesto.

“Las historias más importantes no se interpretan, se viven”

Reinventarse también fuera del escenario

Con una honestidad poco habitual, Manrique habla también de algo que muchos artistas viven pero pocos verbalizan: la inestabilidad de la profesión. “La actuación es maravillosa, pero también cambiante e inestable”. Esa realidad le ha llevado a explorar nuevos caminos, como su incursión en una red de mercadeo junto a su pareja, también actor. “Nos preguntamos qué podíamos inventar para tener estabilidad sin dejar de disfrutar lo que hacemos”.

Lejos de verlo como un desvío, lo entiende como parte de su crecimiento. “Me está obligando a desarrollar habilidades incómodas. Y eso es bueno”.

Entre proyectos, giras, búsquedas personales y retos profesionales, hay una certeza que atraviesa todo su presente. Roberto Manrique está enamorado. “Sí, claro que sí… estoy enamoradísimo”, confiesa. Lo dice sin rodeos, con una sonrisa que casi se intuye al otro lado de las palabras. Y quizá ahí, en esa afirmación sencilla, se encuentra también una de las claves de este momento vital: la coherencia entre lo que siente, lo que vive y lo que decide compartir.

Reconocer que está enamorado no es solo una frase, es una declaración que va más allá de lo sentimental. Habla de un estado, de una forma de estar en el mundo: abierto, dispuesto y en proceso. Porque si algo define este momento en la vida de Roberto Manrique es precisamente eso: la transformación. Una que no busca certezas, sino experiencias, que no teme al vértigo, sino que lo abraza y que entiende que, a veces, las historias más importantes no se interpretan… se viven.

Fotos cedidas por Roberto Manrique.

¡Comparte en tus redes!

Publicidad
Lo + Leído

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  Al enviar tu comentario, aceptas que tus datos personales sean procesados por Diario Mas Noticias de acuerdo con nuestra Política de Privacidad.

Información sobre protección de datos

  • Responsable: Diario Mas Noticias
  • Finalidad: Controlar el spam, gestión de comentarios
  • Legitimación: Tu consentimiento
  • Comunicación de datos: No se comunicarán a terceros salvo obligación legal
  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido
  • Contacto: administracion@diariomasnoticias.com
  • Más información: Política de Privacidad

Scroll al inicio