Con un crecimiento que envidia la región y una apuesta decidida por cuidar su naturaleza, el país Canalero está dejando de ser solo un punto de paso para transformarse en un destino lleno de sorpresas donde el turismo ya aporta más del 10% de su riqueza
Seguro que si piensas en Panamá lo primero que te viene a la mente es el Canal y barcos gigantes cruzando en él. Pero la realidad es que este país, al que muchos llaman «el puente del mundo«, está viviendo un momento dorado que va mucho más allá de la ingeniería. Y no lo digo porque sea panameña, lo digo porque según los últimos informes publicados por ONU Turismo, Panamá no solo ha recuperado el brillo que tenía antes de la pandemia, sino que lo ha superado, recibiendo a más de 2,5 millones turistas en el último año.
Lo que está pasando allí es curioso. Mientras en otros países de Latinoamérica la economía va a trompicones, Panamá ha mantenido un crecimiento promedio del 6,2% en las últimas dos décadas. ¿El secreto? Hemos sabido mezclar nuestra ubicación estratégica y privilegiada con algo que ahora todos buscamos: autenticidad y respeto por el planeta.

Un paraíso verde que crece con orden
Una de las cosas que más llama la atención es que Panamá no solo vende playas de postal. Nos hemos tomado muy en serio lo de ser «verdes”. Hemos pasado de proteger un tercio de nuestro territorio a tener bajo resguardo más de la mitad del país (el 54%). Esto ha convertido al país canalero en uno de los poquísimos países en todo el mundo con emisiones de carbono negativas; es decir, que sus bosques limpian más aire del que el país ensucia.
Para el turista, esto se traduce en experiencias que no se olvidan fácilmente. Tienes desde las tierras altas de Boquete, famosas por tener uno de los mejores cafés del mundo, hasta el Archipiélago de San Blas, donde el pueblo Guna cuida de más de 360 islas que parecen sacadas de un sueño. Y si lo que buscas es historia y una ciudad moderna, el Casco Antiguo de la capital te permite caminar entre ruinas coloniales mientras de fondo ves un horizonte de rascacielos que nada tiene que envidiar a Miami, este contraste entre lo nuevo y lo viejo es realmente impresionante.

Mucho más que un destino: un lugar para crecer económicamente
Pero no todo es ocio. El informe destaca que Panamá se ha vuelto un imán para quienes quieren mover su dinero de forma segura. Al tener el dólar estadounidense como moneda legal, te quitas de encima el miedo a que tu dinero pierda valor de la noche a la mañana por la inflación. Además, el país ofrece incentivos fiscales muy tentadores: si alguien decide montar un proyecto turístico, puede llegar a estar exento de pagar el Impuesto sobre la Renta hasta por 15 años.
Esta apertura ha hecho que grandes cadenas de hoteles internacionales como Marriott, Hilton o RIU hayan puesto sus ojos (y millones de dólares) en suelo panameño. No es solo por las playas; es porque el Aeropuerto de Tocumen ya conecta con más de 84 destinos en todo el mundo, lo que facilita que cualquier turista llegue en un vuelo directo desde casi cualquier rincón de América o Europa.
Educación y tecnología: pensando en el futuro
Lo que más sorprende es que el país no se queda de brazos cruzados esperando a los turistas. Estamos invirtiendo el 7% de nuestro Producto Interno Bruto en educación, enfocándonos especialmente en que los jóvenes aprendan lo que el sector turístico necesita hoy: idiomas, atención al cliente y tecnología.
Incluso están surgiendo ideas muy modernas, como proyectos que usan tecnología «Blockchain» para que los artistas indígenas puedan vender sus obras con certificados digitales (los famosos NFT), asegurando que el dinero llegue directamente a sus comunidades y se preserve su cultura.

Los retos del «corazón del universo»
Claro, no todo es perfecto. El país todavía tiene que trabajar en que los beneficios del turismo lleguen a todos los rincones por igual y no se queden solo en la capital. También tenemos el reto de seguir mejorando el manejo del inglés y la capacitación técnica de nuestros trabajadores para competir con otros gigantes del Caribe.
Aun así, las cifras no mienten. El turismo generó ingresos por casi 8.500 millones de dólares el año pasado, lo que supone casi el 11% de todo lo que produce el país. Es una cifra impresionante que demuestra que la apuesta por un «turismo con propósito» está funcionando.
En definitiva, el país del Canal está demostrando que se puede ser moderno, atraer inversiones millonarias y, al mismo tiempo, proteger la selva y el mar. Como bien dicen sus autoridades, es un «pequeño país de grandes sorpresas» que ha decidido que su futuro no solo depende de los barcos que pasan por el Canal, sino de la gente que decide quedarse a descubrir nuestras cautivantes playas, nuestra variada y rica cultura y la amabilidad que el buen panameño sabe transmitir.