Con 28 años detrás de la barra y 13 dedicado a la mixología profesional, el bahameño conocido como Mr. Mix Bahamas transforma tamarindo, guanábana, coco, guayaba, mango y ron en una narrativa líquida sobre su país
Antes del primer sorbo, Marv Cunningham cuenta una historia
El pasado día 17, durante una presentación del Nassau & Paradise Island Promotion Board para el sector turístico, en Help Bar, en Jardim Europa, São Paulo, el mixólogo bahameño dispuso ante el público ingredientes, botellas, hielo y utensilios de bar. Pero, antes de empezar a preparar el cóctel, prefirió llevar a los invitados a otro lugar.
El viaje comenzó en Nassau, ante la Queen’s Staircase, uno de los hitos históricos de la capital de las Bahamas. Tallada en piedra caliza a finales del siglo XVIII, la escalinata forma parte de la memoria de la ciudad y sirvió como punto de partida para la narrativa que Cunningham construyó en torno a la bebida presentada aquella noche.
“Me encanta contar historias”, dijo. Y es precisamente ahí donde empieza su mixología.
Agua de coco, notas cítricas y sabores tropicales fueron incorporándose a la preparación mientras Cunningham explicaba la arquitectura de un cóctel: espíritu, equilibrio, acidez, aroma. Para él, sin embargo, una bebida debe contener algo más que técnica. Debe tener un origen.
Así es como Cunningham trabaja desde hace décadas.
En una entrevista exclusiva con Diário Más Notícias Latam, contó que lleva 28 años detrás de la barra y que, durante los últimos 13, se ha dedicado profesionalmente a la mixología.
“Represento a las Bahamas a nivel global, llevando cócteles y mocktails bahameños por todo el mundo. Es algo de lo que me siento muy orgulloso”, afirmó.
Su manera de interpretar el territorio a través de la copa tiene incluso nombre propio: Bahamianology.
“Es mixología, pero con un twist bahameño”, explica.
La palabra empieza a cobrar sentido cuando describe la despensa natural de las islas.
Guanábana. Tamarindo. Coco. Guayaba. Hierbas tropicales. Y mango: no uno, sino, según Cunningham, cerca de 50 variedades que se encuentran en las Bahamas.

Para un mixólogo, esta diversidad funciona como un repertorio sensorial. Hay frutas que aportan acidez, otras que añaden textura, perfume o dulzor. Las hierbas modifican el aroma. El coco remite de inmediato al paisaje insular. Y el ron establece un vínculo histórico con el Caribe.
Cunningham no parece interesado en meter frutas tropicales en una copa simplemente para darle un toque exótico. Su propuesta es otra: hacer que el cóctel tenga una dirección.
“Si alguien viene a las Bahamas para vivir una experiencia de mixología, encontrará algo que hemos perfeccionado aquí”, afirmó.
Entre las combinaciones de su repertorio se encuentra el Coconut Soursop Mint Smash, que reúne coco, guanábana y menta. Otra creación, el Smoked Pinewood Tamarind Rum Sour, explora el tamarindo, el ron y las notas ahumadas.
La guanábana reaparece en distintas preparaciones, al igual que la guayaba, el mango y el coco. El tamarindo y el romero abren otra vía aromática. Con cada combinación, ingredientes conocidos adquieren una identidad diferente al pasar por la interpretación de Cunningham.
También están los clásicos. Cuando se le pregunta qué beber en las Bahamas, Cunningham incluye el Bahama Mama entre las experiencias vinculadas a las islas. Pero sus recomendaciones no se detienen en el cóctel que traspasó fronteras y acabó asociado al Caribe. Habla de preparaciones con guayaba, coco, tamarindo y frutas locales como quien describe distintos acentos de una misma lengua.
Quizá esa sea la característica más interesante de su Bahamianology: no existe una única manera de meter las Bahamas en una copa.
Para Cunningham, la mixología también funciona como pasaporte.
“Conocer gente forma parte de aprender nuevas culturas”, afirmó. La profesión le ha permitido viajar por el mundo y encontrarse, en otros países, con personas a las que había conocido anteriormente durante sus visitas a las Bahamas.
Por eso se presenta no solo como mixólogo, sino también como embajador culinario y embajador global de la mixología bahameña.

Brasil ya forma parte de ese mapa de sabores.
Preguntado por lo que le gusta de aquí, Cunningham mencionó la limonada brasileña y la caipirinha, con especial atención a la cachaça. En cuanto a la gastronomía, habló con entusiasmo de las carnes y de la escena culinaria brasileña.
Pero basta con que la conversación vuelva a las Bahamas para que su vocabulario cambie de nuevo.
El agua de coco recuerda a las islas. El tamarindo aporta acidez y profundidad. La guanábana ofrece perfume y textura. La guayaba y el mango recorren distintos niveles de dulzor y aroma. El ron enlaza todas esas referencias con el universo caribeño.
Es una forma de entender la coctelería en la que técnica y territorio comparten la misma coctelera.
Y la gastronomía de las Bahamas no vive solo de la mixología. En Nassau & Paradise Island, la mesa se ha ganado un espacio propio dentro de la experiencia del viaje. Los grandes resorts han convertido restaurantes, bares y experiencias gastronómicas en una parte central de su oferta, reuniendo cocinas de distintas influencias y nombres de proyección internacional.
Durante la presentación en São Paulo, se citaron chefs como Danny Elmaleh, Dario Cecchini, Jean-Georges Vongerichten, Michael White, José Andrés, Alon Shaya, Katsuya Uechi, Marcus Samuelsson, Nobu Matsuhisa y Daniel Boulud, nombres que ayudan a hacerse una idea del peso de la alta gastronomía en el destino.
Es en este escenario donde el trabajo de Cunningham adquiere otra lectura.
Mientras cocineros de distintas partes del mundo llevan sus repertorios a Nassau & Paradise Island, Mr. Mix recorre el camino inverso. Mete los ingredientes de las islas en la coctelera y viaja con ellos.
Después de 28 años detrás de la barra, su explicación para seguir haciéndolo es menos técnica de lo que cabría imaginar.
“Lo mejor es poder hacer algo que amo. Me apasiona y realmente consigo hacer feliz a la gente con el don que tengo”, dijo.
En manos de Marv Cunningham, las Bahamas dejan de ser simplemente un lugar en el mapa del Caribe. Se convierten en una geografía líquida: servida en una copa, frente a una barra, sorbo a sorbo.