La lengua española alcanza su plenitud y riqueza en los diferentes lugares donde se habla, nutriéndose de palabras de las lenguas originarias de cada región.
En México hay un buen de palabras que provienen de las raíces del NAHUATL y otras lenguas originarias de las antiguas comunidades mesoamericanas.
Una de estas palabras -castellanizadas- es APAPACHAR (Abrazar con el alma).
México me apapachó en muchas ocasiones a lo largo de los 6 años que radiqué allá, entre otras ofreciéndome la posibilidad de encontrar amistades e innumerables oportunidades de CHAMBA (trabajo/ raíz origen gringo).
Pronto aprendí que Ciudad de México, anteriormente Distrito Federal fue antiguamente la Gran TENOCHTITLAN, cuna del Imperio AZTECA.
Recuerdo mis primeros pasos allá al cruzar la avenida o bosque de CHAPULTEPEC, bajando al metro en la parada CUAUHTEMOC o conocer a alguien que procedía de TLAXCALA y cómo mi mente sufría un cortocircuito al querer retener estos nombres.

Las primeras ciudades que visité fueron GUANAJUATO o QUERETARO entre otras y ya en mi primer proyecto teatral en México -el espectáculo “Un Hidalgo de Hidalgo”- mi personaje pronunciaba unas palabras que nunca olvidaré: KAMPA TEMOJ PILI IUAM INAM (Cómo he venido a este lugar). Ahí supe que QUETZALCOATL (Serpiente emplumada) es uno de los Dioses mesoamericanos más importantes.
TIANGUIS es la palabra que podríamos traducir o entender como mercadillo, entendiéndolo como lugar al aire libre donde comprar ropa o comestibles, almorzar o incluso divertirse tomando un refresco. Quizás fue ahí dónde aprendí que un POPOTE es una “pajita” para tomar una bebida, que el JITOMATE es la fruta que conocemos como tomate y un GUAJOLOTE es un pavo de corral.
El CHAPULÍN, a parte de llegarnos como un personaje de ficción, es un saltamontes que se cocina y adereza como BOTANA (aperitivo/ raíz origen castellano) para degustar por ejemplo con una CHELA (cerveza/ raíz origen maya).
Aunque conservo CUATES (amigos) mexicanos, la palabra originariamente se refiere a hermano gemelo.
POZOLE es un guiso contundente con maíz cocido, carne y verduras, servido en varios platillos, algo así como el cocido “madrileño”, no exactamente en el contenido aunque acercándose en la forma. Mi compadre Pedro lo cocina VERDE -a base de pepitas de calabaza- como en su tierra guerrerense.

Sin duda uno de los lugares más pintorescos y que guarda la esencia de la antigua manera de intercambio de alimentos es XOCHIMILCO, una especie de Venezia con trajineras (embarcaciones) para transportar mercancías por sus canales hacia la capital y en las que hoy puedes pasear surcando las aguas.
Nombres de la historia mexica como MOCTEZUMA, MALINTZE, NEZAHUALCOYOTL, TEOTIHUACAN, COYOACAN, también me resultaban complejos o extraños al pronunciarlos y ahora forman parte de mi vocabulario.
¡GÜEY!, brindemos con PULQUE, TEQUILA o MEZCAL.
Actualmente en mi espectáculo poético “Retales” interpreto un texto de Nezahualcoyotl, Rey poeta de TEXCOCO:
“Por fin lo comprende mi corazón (NOYOLLO).
Escucho un canto (CUICATL).
Observo una flor (XOCHITL).
Ojalá no se marchiten (CUETLAHUIA).
Y se marchitan…”