Hay empresas que nacen de un plan de negocio. Otras empiezan con una maleta, una máquina de coser y una travesía entre continentes. La historia de Dash Uniformes pertenece a este segundo grupo.
Con motivo de su 40.º aniversario, la empresa celebró el pasado 5 de agosto, durante un almuerzo celebrado en el restaurante Adega Santiago, en São Paulo, un encuentro que reunió prensa y colaboradores para recordar su trayectoria. Fue allí donde la directora creativa, Marcela Ohana, decidió no hablar primero de crecimiento, facturación o expansión, sino de su abuelo.
Marcos Ohana nació en Israel, vivió en Francia y se vio obligado a huir de Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Su destino fue Latinoamérica y, más tarde, Brasil, donde reconstruyó su vida haciendo aquello que mejor sabía hacer: la sastrería.
Fue allí donde nació un legado invisible. Su hijo, Salvador Ohana, heredó mucho más que el oficio. Heredó la obsesión por el corte perfecto. En el garaje de su casa, en Belo Horizonte, abrió una pequeña sastrería que vestía a empresarios de la ciudad. Sin saberlo, estaba dando forma al embrión de lo que, décadas después, se convertiría en Dash Uniformes.
Marcela creció rodeada de tejidos, patrones y conversaciones sobre el ajuste perfecto de una prenda. Sin embargo, eligió otro camino y se licenció en Derecho. La vida, no obstante, tenía otros planes.

Cuando a Salvador le diagnosticaron un cáncer de garganta en 2009, ella decidió incorporarse a la empresa para ayudarle.
“No era algo que tuviera previsto. Pero cuando entré, me di cuenta de que había un potencial enorme,” cuenta Marcela Ohana.
La empresa contaba entonces con apenas tres empleados. Mientras muchas compañías seguían apostando por la publicidad tradicional, Marcela decidió explorar un terreno todavía poco habitual: el contenido digital. Creó un blog especializado en uniformes corporativos.
Escribía sobre tejidos, patronaje, imagen profesional e identidad de marca. Y el teléfono empezó a sonar.
Los clientes llegaban porque habían encontrado sus artículos en Internet. Así comenzó una transformación silenciosa.

Hoy, Dash presta servicio a más de 20.000 empresas al año, desarrolla colecciones exclusivas para cadenas hoteleras y marcas de lujo, y viste a los equipos de hoteles como Marriott, Copacabana Palace y Emiliano.
Pero quizá el mayor patrimonio de la empresa siga siendo el mismo que Marcos Ohana sembró hace décadas: la convicción de que una prenda puede transmitir respeto incluso antes de pronunciar la primera palabra.
Cuarenta años después, esa sigue siendo la costura que une a todas las generaciones de la familia.