A veces uno tiene antojos que no se quitan con cualquier cosa y más si te pasa como a mí, que estoy a 10.000 km de mi casa.
El otro día me levanté pensando en la comida de Colón, esa provincia de mi Panamá que es sinónimo de playas espectaculares y gente agradable. Tienen esa sazón caribeña en la sangre y eso se nota en sus platos; esa mezcla de sabores afropanameños te alegra el día porque es única. Como no tengo un restaurante colonense ni a mi abuela cerca, decidí meterme a la cocina y armar lo que llamaré como ‘mi versión’ de las canastitas de patacón rellenas. No soy chef ni mucho menos, pero me gusta mucho cocinar y les aseguro que el resultado me dejó con el corazón contento.
Lo bonito de la cocina de esta zona de Panamá es que todos los platos te recuerdan a la provincia porque casi todos llevan un pedacito de playa: mariscos, pescado, coco…Es una cocina con mucha fuerza, y aunque cada uno tiene su librito, hoy les quiero compartir cómo las preparo yo en casa, de forma sencilla y viviendo a 10.000 km de Panamá sin morir en el intento.
Lo que usé (cantidades a ojo)
Para que se den una idea, esto es lo que utilicé:
Camarones (Gambas) o langostinos: Compré un poco más de medio kilo (pelados y limpios)
Leche de coco: ¡Ojo aquí! Tiene que ser la natural. No sirve la que venden para el café. Si no encuentran de lata, pueden hacer como yo y hacerla de cero, hidratando el coco fresco con un poco de agua, licuar todo y colarlo.
Plátano verde: Los de toda la vida para hacer patacones.
Vegetales: Ajo, cebolla, un tomate bien picadito y un buen poco de cilantro fresco.
Condimentos y otros: Paprika, pimienta negra molida, sal, mantequilla y un chorrito de nata para cocinar.
Así las preparé yo
Primero me puse con los camarones: los pelé y limpié, luego les puse sal, pimienta y la paprika para darle ese toque de color. En una sartén con mantequilla, los puse a cocinar solo un poco, hasta que cambiaron de color, y los saqué de una vez para que no se pusieran duros.
Aquí viene lo bueno: en esa misma sartén, aprovechando todo el sabor que dejaron los camarones, tiré el ajo, la cebolla y el tomate picadito. Hay que dejar que eso se sofría bien, que el tomate suelte su juguito y se deshaga un poco. Cuando ya se ve como un guiso rico, eché la leche de coco y el chorrito de nata. Lo vas revolviendo con calma hasta que todo se diluye y se forma una salsita espesa y brillante. Compruebas la sal y ya que la salsa esté en su punto, vuelves a echar los camarones para que se terminen de cocinar en ese sabor.
Mientras la salsa agarraba sabor, me puse con las canastitas. Corté el plátano en trozos gruesos, de unos dos dedos de alto, y los freí a fuego medio-bajo hasta que estuvieron amarillitos y cocidos por dentro; esto es clave para que al aplastarlos no se desbaraten. Los saqué y les di la forma con un exprimidor de limón engrasado, aunque también se puede usar la parte de atrás de un vaso pequeño. Y miren, si se les complica mucho darle la forma, no se estresen: aplástenlos normal y, en vez de canastitas, se arman unos buenos montaditos. Al final, les di la segunda pasada por aceite, esta vez a fuego alto, para que se doraran y quedaran bien ‘crocantes’.
El toque final
Al final, solo queda rellenar cada canastita con los camarones en la salsa cremosa de coco. Y para cerrar con broche de oro, les eché un poco de cilantro picado por encima. Ese toque verde no solo hace que el plato se vea bonito, sino que le da una frescura increíble.
La verdad es que no sé si un experto en cocina afropanameña diría que así se hace exactamente, pero es mi manera de traer ese sabor a casa. Esa mezcla de lo crujiente del patacón con el discreto dulzor del coco y el toque del cilantro es de otro mundo. ¡Anímense a probarlo, que no tiene pérdida!