El eterno viajero del rock: homenaje a Miguel Abuelo

16/04/2026
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Equipo de redacción de Diario Mas Noticias Latam

A 80 años de su nacimiento, el legado del cantante, compositor y fundador de Los Abuelos de la Nada sigue vigente como símbolo de creatividad, rebeldía y búsqueda personal

El 21 de marzo de 1946 nacía en Buenos Aires Miguel Ángel Peralta, conocido como Miguel Abuelo, una de las personalidades más espontáneas, intensas y poéticas de la música argentina. Cantante, compositor y fundador de Los Abuelos de la Nada, su recorrido artístico estuvo marcado por la experimentación, el viaje y una profunda búsqueda expresiva que lo convirtió en un referente clave del rock nacional.

Desde sus primeros años mostró una sensibilidad particular por la escritura. Antes incluso de consolidarse como músico, ya se definía desde la poesía. “Yo siempre fui un poeta antes que un músico”, afirmó en distintas entrevistas, dejando en claro que su universo creativo partía de la palabra. Esa impronta atravesaría toda su obra, con letras cargadas de imágenes, lirismo y una mirada personal sobre la realidad.

A mediados de la década de 1960 formó Los Abuelos de la Nada, una de las primeras bandas del rock argentino. El nombre, tomado de la literatura de Leopoldo Marechal, reflejaba su inclinación por lo simbólico y lo literario. Aquella primera etapa lo ubicó en el núcleo fundacional del movimiento, aunque su camino pronto tomaría un rumbo errante, signado por la necesidad de explorar más allá de los límites locales.

Los Abuelos de la nada

A fines de los años 60 emprendió un viaje hacia Europa casi sin recursos, atravesando distintos países y experiencias que marcarían su vida. Vivió en Francia, España e Inglaterra, y en ese recorrido conoció tanto la libertad como la adversidad. Fue detenido por posesión de drogas y pasó un tiempo en prisión, un episodio que, lejos de frenarlo, reforzó su mirada existencial. “La libertad es algo que se conquista todos los días”, diría más tarde, sintetizando una filosofía que atravesó su vida y su obra.

Durante esos años continuó escribiendo y componiendo, consolidando una identidad artística profundamente ligada a la experiencia del viaje, la marginalidad y la introspección. Su figura se fue moldeando en ese tránsito, entre la bohemia y la resistencia, entre el artista y el sobreviviente.

Su regreso a la Argentina a comienzos de la década de 1980 coincidió con un momento de transformación social y cultural. En ese contexto refundó Los Abuelos de la Nada con una nueva formación que integraron, entre otros, Andrés Calamaro, Cachorro López y Daniel Melingo. Ese período marcaría su consagración masiva, con canciones que se volvieron emblemas de una época, como “Mil horas”, “Sin gamulán”, “Costumbres argentinas” e “Himno de mi corazón”.

Entre 1982 y 1986 el grupo editó discos fundamentales como Los Abuelos de la Nada (1982), Vasos y besos (1983),Himno de mi corazón (1984) y Cosas mías (1986), trabajos que combinaron el espíritu del rock con una estética pop, poética y urbana que conectó con una nueva generación. Paralelamente, Miguel Abuelo desarrolló su carrera solista con álbumes como Buen día, día (1985) y Miguel Abuelo en banda (1986), donde profundizó su faceta más personal y experimental.

Miguel Abuelo

Su presencia escénica, carismática y desbordante, lo convirtió en un ícono de la recuperación cultural de los años 80. Su figura encarnaba una idea de libertad que excedía lo musical y se proyectaba como una forma de vivir en el mundo. “No me interesa la fama, me interesa la aventura”, expresó en una oportunidad, reafirmando su identidad como artista en permanente movimiento.

A lo largo de su carrera sostuvo una visión profundamente humanista del arte. “La música es una forma de comunicar amor”, dijo, en una frase que resume el espíritu de su obra. Esa mirada, atravesada por la sensibilidad y la intuición, lo convirtió en un creador único dentro de la escena roquera argentina.

Miguel Abuelo falleció el 26 de marzo de 1988, a los 42 años. Su muerte temprana no hizo más que consolidar el carácter mítico de su figura, cuya influencia continúa vigente. Su legado no se limita a sus canciones: es también una actitud frente a la creación, una ética del artista que elige el riesgo, la poesía y la libertad como camino.

Como expresó en una de sus frases más recordadas: “Lo importante no es llegar, sino seguir viajando”. En esa idea se condensa el sentido de una obra que sigue dialogando con nuevas generaciones, invitando a imaginar, a crear y a vivir con intensidad.

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