Cuando un profesor enseña con tanta ilusión una materia -en este caso Historia del Arte- te deja huella. Y entonces no queda otra que seguirla.
Hace 20 años que cursé Historia del Arte en Bachillerato y mi profesor fue Manuel, “de Arte”. Arrancamos en las manifestaciones artísticas más arcaicas, pasando por el Imperio Romano, el Renacimiento y más allá…
Manuel es asturiano, lo recuerdo como un señor disciplinado, pintoresco, usaba tirantes… Derrochaba entusiasmo y conocimientos de sobra, haciendo que sus diapositivas para ilustrarnos cada obra en cada época fueran un deleite.
Acabo de recorrer algunas regiones de Italia. Ya tocaba, quizás desde entonces.
¡Ciao!

En Roma me he emocionado ante el Panteón de Agripa y el Coliseo -sobrenatural- me dejó en silencio mientras lo habitaba. También he recordado mi etapa como actor en la réplica de La Capilla Sixtina en Ciudad de México, encarnando al Papa Guliou II, al pisar la original.
Entre templos e historia, llegué a Firenze y la Piazza della Signoria me arrancó un: ¡Pero que es ésto madre mía! Observé con calma El David de Donatello, disfruté las obras de Caravaggio, Botticelli o Tiziano que entonces nos explicó Manuel “de Arte”.
¡Amén a La Medusa de Caravaggio!
He visitado palacios, museos y sus respectivas obras aunque sin poder hacer de menos el Duomo di Santa Maria del Fiore y su oceánica cúpula roja.
Sin duda es irrepetible el momento en que David de Michelangelo se puso ante mis ojos. Que belleza, que perfección, que sensibilidad, que proeza.
Además he paseado por La Toscana, observé con una sonrisa la Torre de Pisa y me he sorprendido con Bologna antes de llegar a Venezia.

Y entre tanto arte sucedió el reencuentro con las amigas fiorentinas que conocí hace 10 años en Cuba y con las que compartí aventuras de La Habana a Trinidad. Laura y Roberta habían venido a Madrid y nos habíamos visto en estos años aunque nunca los tres juntos. Hemos recordado aquellos viajes en almendrón, las noches por Viñales o Cienfuegos o el Fin de Año en Trinidad, piña colada arriba piña colada abajo. En Firenze me han paseado en moto, mostrándome la espectacular ciudad desde Fiosele, lugar donde los etruscos se asentaron por primera vez, cerca de Firenze.
Por cierto, mi primer trabajo como actor profesional en 2003 fue un espectáculo de Comedia d´ll Arte italiana en el que interpretaba a I`ll Dottore y tanto éste como las demás “máscaras” (Arlequino, Colombina…) han aparecido en diferentes rincones de mi recorrido, sobre todo en Venezia, donde visité la Casa de Carlo Goldoni.
Ya tocaba Italia y he podido por fin cumplir el sueño de conocer esta tierra divina, visitar aquellas esculturas, pinturas y lugares que Manuel “de Arte” dejó congelados en mi mente, recordar el origen de mis primeros pasos como comediante y reencontrarme con mis amigas italianas.
¡Arrivederchi!