México celebra la festividad de El Día de Muertos, fiesta del color, de los sabores, de la originalidad y del respeto. Declarada por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de México en 2008.
Calaveritas dulces de todos los tamaños en los mercados, papel picado de colores en los famosos altares que invaden cada rincón de las casas, las calles, los barrios, en cada pueblo y ciudad.
Un mes antes la Flor de Cempasúchil adorna avenidas enteras de las ciudades y los altares y tumbas son arropadas con la flor naranja.
Impresionantes la Avenida de La Reforma cada año llena de flores de cempasúchil, el Altar del Zócalo y las numerosas ofrendas con “chupe” y música en las calles del Centro histórico en la Ciudad de México.

Y el Pan de muerto. Éste no tiene explicación posible.
Las Catrinas no pueden faltar a esta cita, en escaparates, en la publicidad, en los disfraces que recorren las calles… Maquillajes andantes que son obras de arte desfilan cada año en estos días.
Lo que más me emocionó cada año -por mucho que te lo cuentan ni lo imaginas- es el Altar en cada casa, en el recogimiento, en la privacidad… con el retrato del difunto a quien va dedicada la Ofrenda, con los alimentos, bebidas preferidas o incluso antojos y vicios que tenían en vida y ese momento de encuentro espiritual. Ahí no hay un ruido comercial y el altar brilla por si sólo.

La celebración del sincretismo entre las costumbres de las antiguas comunidades indígenas originarias y las tradiciones cristianas, es única.
Como actor, tuve la oportunidad de representar en estas fechas, durante 4 años consecutivos, “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla, interpretando a Butarelli, con la Cía. Fénix Novohispano en el Palacio Nacional y en otros escenarios de lugares históricos de la Ciudad de México. Inolvidable.

En España -instalado ya Halloween– viviremos estos días con recogimiento, con visitas al cementerio ante la puesta a punto de lápidas y la vistosidad de flores mientras tocan en calma las campanas la noche del 1 y eso sí, con algún Buñuelo o Hueso de santo que echarse a la boca.
Que regresen las almas, aunque sea por un instante.

(Expresamos nuestro más sentido pésame a las familias de las víctimas del trágico accidente ferroviario ocurrido en Urda (Toledo) y nos unimos a su dolor).
