La obra artística de Fernando Botero siempre me ha fascinado y como algunos sueños se cumplen, recorrí varias regiones de Colombia donde visité su Museo en Bogotá o la Plaza de las Esculturas con su nombre en Medellín.
Colombia posee señas indiscutibles que traspasan fronteras y una de ellas -indudablemente- es Botero.
Los cuerpos esbeltos y felices, los bodegones, el colorido de sus obras pictóricas y la redondez y brillo en sus esculturas han llamado mi atención desde hace años y siempre que encuentro una de sus obras aparece una sonrisa en mi cara.
En cualquier lugar del mundo se puede disfrutar una obra de Botero.

En Santiago de Chile encontré “El Caballito”, la Rambla del Raval en Barcelona tiene “El Gato” para disfrute de sus vecinos y visitantes y “Torso masculino desnudo” posa en el Parque Thays en Recoleta de Buenos Aires.
El famoso Paseo de la Castellana madrileño a la altura de Colón es el lugar en el que podemos encontrar tumbada en la acera una “Mujer con espejo desnuda” y siguiendo el mismo paseo nos saluda “La mano” en la plaza San Juan de la Cruz.

En Oviedo (Asturias) existe una espectacular escultura sobre “La maternidad” (conocida popularmente como La Gorda) en la Plaza de la Escandalera y tiene una melliza en el Parque Amalia Rodríguez de Lisboa (Portugal).
En México existe un “Hombre que camina” con luz y brío en el Museo Soumaya de la Ciudad de México.

Regresando a Colombia, visité la Plaza de Santo Domingo en Cartagena de Indias y fui seducido por “La gorda Gertrudis” que modela las 24 horas para objetivos de todo el mundo.
Sin duda es en Bogotá y Medellín donde podemos disfrutar una obra tras otra. El Museo Botero en la capital -donde podemos recorrer un centenar de obras pictóricas- está situado en La Candelaria y ya en Medellín una veintena de esculturas a cual más sorprendente por sus temáticas y tamaños lucen al aire libre en la Plaza que lleva su nombre: “Hombre caminante”, “Venus dormida”, “Mujer y Hombre vestidos”, “Cabeza”, “Mujer con espejo”, “Caballo con bridas”…

Botero representa la celebración de la diversidad de los cuerpos, la accesibilidad a sus obras en espacios públicos para disfrute de todos y la alegría que provocan sus esculturas a través de la originalidad.
¡Un placer gozarte, Botero!