Si tenés la oportunidad de vivir en Buenos Aires un tiempo puedes vivir en una casa o en 5, o en 7 según se pinte. Esto pensé cuando decidí ir a entrenar con varios maestros de las Artes escénicas en Argentina, de esta forma podría conocer la esencia de los diferentes barrios porteños, por si no volvía nunca jamás.
El primer fin de semana lo pasé en “Caballito”. Mi amiga Majo -mexicana de Querétaro- me dio la bienvenida. Mi primera impresión fue que la ciudad me recordaba más a Madrid que a Ciudad de México, en el “ruido” de la gente en la calle, en los comercios y hasta en las veredas (acerados).
Mi primera casa estaba cerca del famoso Cementerio de La “Chacarita” donde descansa Carlos Gardely que da nombre a la zona. Viví en una bonita colonia de pisos con su jardín interior, al lado del parque Los Andes y el “subte”(metro) Dorrego de la línea roja.
La segunda casa fue un monoambiente (apartamento) en “Congreso”, en la calle Rodríguez Peña a unas cuadras de Avenida Corrientes. Bajaba a la calle y si me descuidaba podía entrar al Congreso de la Nación, frente al Molino, con el Cine Gaumont al lado, abierto hasta altas hora de la noche. Cada día paseaba dirección Casa Rosada para ir a clase atravesando la Avenida de Mayo.
Después me mudé junto a la Avenida “9 de julio” -la más ancha del mundo- en la calle Bartolomé Mitre donde residí en un edificio señorial con ascensor clásico y puertas manuales, una escalera palaciega y puerta enorme de hierro con forja incluida. Caminaba varios pasos y en la esquina me encontraba con el monumento de Don Quijote, así que cada día, a la ida y al regreso, mi sonrisa florecía al verlo. En esa zona había varios bodegones (restaurantes) españoles. Inolvidable el Plaza Asturias.

Luego viví en “Palermo Soho”. Un barrio cool, con bares, terracitas, grafitties en cada fachada -muy londinense decían- aunque aún no conozco Londres. A varios minutos de la Plaza Serrano disfruté de una casa con patio y me gustaba acercarme a las tiendas del barrio para comprar carne o verdura. A veces esperaba la medianoche para ir a clases de tango en La Viruta Tango Club.
Hasta en la calle Lavalle cerca del subte “Florida” me hospedé unos días, entre comercios y teatros y cerca de la Plaza de Mayo con su Ayuntamiento y su Catedral.
Y como iba a despedirme de Buenos Aires sin disfrutar de “San Telmo”, con su feria (mercadillo ambulante), su plaza con los típicos tangueros rodeados de cientos de personas cada domingo, el mítico café El Federal, el Mercado…
Durante 2 meses paseé entre colectivos o bondis coloridos característicos, comprendí que el mate es parte del alma de las personas de allá y curiosamente un bandoneón resuena aún en mis recuerdos .
Misión cumplida, saborear varios barrios, dirigirme a clase desde distintas perspectivas y descubrir los matices en aquella espectacular ciudad.
Por cierto, ¡che! nunca digas nunca jamás.