Tresguerras, el Miguel Ángel mexicano

20/02/2026

En 1778, Carlos III designa a Jerónimo Antonio Gil, antiguo alumno de la Real Academia de San Fernando, decidido neoclásico, como tallador principal en la Real Casa de Moneda de México, a donde llega con el encargo adicional de establecer una escuela de grabado. En México, en 1781, Gil promovió la creación de la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos, a semejanza de la de San Fernando, que fue aprobada por Carlos III en diciembre de 1783 y que abrió sus puertas a los estudiantes en 1785. La recién formada academia motivó a muchos futuros artistas a formarse en ella en detrimento de los talleres de los maestros.

En ese contexto surge un personaje de provincias llamado Francisco Eduardo Fernández de Tresguerras, nacido en 1759 en la ciudad de Celaya (entonces una rica ciudad, referente y centro de comercialización de la producción agropecuaria de la región de El Bajío), a quien los estudiosos posteriores se han empeñado en calificar como neoclásico, más por su decidido rechazo del barroco que por una autodefinición o por el carácter de sus obras arquitectónicas, que es la faceta que mejor se le conoce. Esa calificación ha llevado a que ningún artista novohispano de cualquier etapa, o mexicano del siglo XIX, haya causado tanta polémica, mezcla de admiración y desdén, y a que a ninguno le haya sido arbitrariamente atribuida tal cantidad de obras como a él. Su influencia en su ciudad y en El Bajío fue tal, que no hay edificio con algún detalle clasicista en la región cuyo diseño -por no decir construcción- no le haya sido atribuido. Dichas atribuciones se deben, en el mejor de los casos, a la ignorancia y buena fe de personajes locales aficionados a la historia, y en el peor, a la absoluta falta de rigor de ciertos historiadores.

Se sabe que con 15 años, alrededor de 1773, Tresguerras (hacia finales del XVIII dejó de utilizar el apellido compuesto Fernández de Tresguerras) ingresó al Real y Pontificio Colegio de la Purísima Concepción de Celaya, adscrito a la Universidad de México, con la aparente intención de convertirse en religioso, la que pronto abandonaría para estudiar dibujo en la ciudad de México, donde se empaparía de los principios y obras de Vitrubio, Serlio, Palladio y, sobre todo, Vignola. Se entusiasmaría con la arquitectura de la antigüedad clásica, pero principalmente del renacimiento -al que se aproximaría su obra-, decantándose definitivamente su gusto por el clasicismo manierista.

Las ventanas exteriores de la mansión del conde de Rábago

Volvería a Celaya, donde se casa a principios de 1782 y forma familia. Es dudoso que, con mujer e hijos que mantener, Tresguerras hubiese regresado a la ciudad de México a estudiar en la Academia, pero eso no le impidió solicitar, en 1794, el grado de académico de mérito, que al parecer le fue otorgado, pues en uno de sus escritos afirma que “la Academia me conoce por su discípulo y me ha licenciado para cualesquiera obras …”, además de intitularse en documentos oficiales como “grabador y profesor de las tres nobles artes”. Así, siendo prácticamente autodidacta, continúa dedicándose a hacer levantamientos topográficos, reparaciones (posiblemente sencillas remodelaciones de fachadas en las que haya ya puesto en marcha sus ideales de clasicismo) y avalúos.

Es posible que antes de 1791 hubiera trabajado en la remodelación de la fachada de la mansión del conde de Rábago en Celaya, uno de los pocos ejemplos del barroco que subsisten en la ciudad. En la decoración de cada una de las cuatro ventanas exteriores se puede apreciar la añadidura en la parte superior de un frontón interrumpido y en la inferior de un par de ménsulas que soportan la cornisa donde reposa la ventana (claramente influenciada por la “ventana arrodillada” de Miguel Ángel para el Palacio Medici en Florencia).

Quizás la realización de esa obra, por demás llamativa, haya contribuido a que le llegase el encargo de construir en su ciudad, en 1791, un tardío monumento para conmemorar la entronización de Carlos IV, consistente en una tímida columna estriada con capitel compuesto, base y pedestal sobre un zócalo cuadrado, coronada por la efigie del monarca.


Interior de El Carmen

A esa primera obra pública le sigue la Fuente de Neptuno, en la ciudad de Querétaro, fechada en 1797, en la que, traicionando sus ideales clasicistas, construye la pila de líneas totalmente barrocas. Esta obra, de un estilo desconocido en la ciudad, le atrajo la animosidad de los arquitectos locales, estancados en un barroco que, si bien de elegantes líneas, se encontraba desfasado con respecto a las ideas ilustradas que ya habían permeado las capas altas de la sociedad novohispana, incluidas las autoridades locales. Los arquitectos queretanos trataron de amargarle a Tresguerras su estancia en esa ciudad, manteniendo disputas intelectuales presenciales y mediante emisarios. Sin embargo, su proyecto triunfó por encima de la tradición.

Continúa, tanto en Celaya como en la región, realizando algunas obras menores hasta que, a pesar de su poca experiencia en la construcción, en 1802 le llega la oportunidad que lo llevaría a trascender. Con motivo del incendio la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Celaya, se le adjudica la construcción de una nueva iglesia proyectada por él. Es de notar que no habían transcurrido cuatro meses entre la fecha del incendio, ocurrido el 16 de julio, y la fecha de inicio de las obras, el 4 de noviembre del mismo año, lo que da cuenta de la rapidez de su trabajo, y que para el 13 de noviembre de 1807 la nueva iglesia estaba totalmente terminada y consagrada. Esta iglesia representa, sin duda alguna, la manifestación más completa de sus postulados estéticos, su obra maestra y a la que debe su fama. Nadie ha dudado de su elegancia y buen gusto, que han merecido los más variados elogios. Con ella, además, Tresguerras fue pionero en la Nueva España al sustituir la tradicional portada de iglesia por un pórtico, al elevar el campanario sobre el centro del pórtico -a la manera de algunas iglesias barrocas inglesas- y al darle a la torre un remate campaniforme -a la manera de la catedral de Pamplona y, posteriormente, de la de México-. Ciertamente, la iglesia es más cercana al barroco clasicista italiano que al neoclásico de finales del XVIII, pero se puede afirmar que la mayor influencia le viene del manierismo ya que, durante su estancia en la ciudad de México, antes de 1782, cuando tuvo oportunidad de admirar la obra de los clásicos y renacentistas, la arquitectura neoclásica en España era aún incipiente y ni siquiera había sido establecida la Academia de San Carlos en México, lo que le habría podido permitir un acercamiento a ese estilo. De ahí, las críticas a su obra por parte de los puristas mexicanos del neoclásico, pero también suspiros de alivio por parte de los nostálgicos del barroco, que veían reminiscencias de este estilo en el uso de azulejos para cubrir la cúpula y el remate de la torre.

Mientras construía la iglesia del Carmen, en 1804 Tresguerras inició la construcción del puente sobre el río de La Laja, a una media legua de distancia de Celaya, inaugurado el 15 de agosto de 1809. Una obra de ingeniería mayor a la que dotó de elementos artísticos muy de su gusto, consistentes en obeliscos y cartelas y otros motivos que le dieron un aire ciertamente elegante. En este período fue nombrado perito “para reconocimiento de la boca del Rio de la Laja”, y en 1807, una vez terminada la iglesia del Carmen, Maestro Mayor de Obras Públicas de su ciudad.

“Obelisco” a Carlos IV, después monumento a la independencia de México

Desde entonces, su carrera fue imparable. Aunque ya ninguna obra tendría la importancia de las dos anteriores, destacan varias casas palacio en Celaya atribuibles a él, así como la completa remodelación del interior de la iglesia de San Francisco, a la que dotaría, además, de un pórtico tetrástilo y una bella cúpula clasicista, una de las de mayor tamaño en México. Construyó, también, las capillas del viacrucis en el atrio de esa iglesia, de la que solo subsiste la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, elegida por el mismo para su sepulcro, y los altares del templo de la Tercera Orden de San Francisco.

Todavía en Celaya, trabajó en obras de menor importancia, como la construcción de su propia casa (que no subsiste); la terminación del campanario de la iglesia de San Agustín, al que dio remate campaniforme cubierto de azulejos en zigzag adornado de guirnaldas; el obraje textil de Zempoala; el diseño e inicio de la iglesia del Señor de la Piedad (que dejó inconclusa); y, seguramente, el altar mayor de la iglesia de San Juan de Dios.

En la década de 1820 construyó en San Luis Potosí el Teatro Alarcón, el altar mayor de la iglesia de El Carmen y un monumento a la independencia hoy desaparecido.

Las más importantes obras que falsamente se le atribuyen son el magnífico palacio de los condes de Casa Rul, en Guanajuato, el Colegio de la Enseñanza (hoy sede de la alcaldía) de Irapuato, y la iglesia de las Teresitas en Querétaro, pero no faltan Iglesias, altares y casas, casi todas de mediocre diseño y construcción por todo El Bajío.

Obeliscos del puente sobre el Río de La Laja

Su obra pictórica y gráfica, de menor calidad que la arquitectónica, es en buena parte atribuida. Quedan muestras en las iglesias de El Carmen y San Francisco de Celaya, en las Teresitas de Querétaro y en los Museos Nacionales de Arte y de Historia de México. Subsisten varios autorretratos, grabados y dibujos. Quizás lo mejor de esta producción sea el retrato al óleo de María Guadalipe Ramírez, su mujer, que se conserva en el Museo Nacional de Historia.

Con respecto a su obra escultórica, le pueden ser atribuidas un sinnúmero de imágenes religiosas en las iglesias de El Carmen y San Francisco en Celaya, posiblemente la mayoría diseñadas por él y ejecutadas por sus operarios, con la excepción de una bella imagen en madera policromada de Nuestra Señora de los Dolores –de la Tresguerras que fue sumamente devoto- en la iglesia de El Carmen, y en la que parece haberse esmerado particularmente, pues su calidad sobresale por encima de las demás esculturas de la época que existen en la ciudad.

Su principal obra literaria, los Ocios, permanecería inédita por más de un siglo y es muy reveladora de su personalidad, entre conflictiva y resentida. En ella se ensaña con algunos contemporáneos seguidores del barroco, pero igualmente ataca a algunos destacados académicos. Sin embargo, para hacerle justicia, hay que considerar que Tresguerras escribió esta obra contando con 40 años de edad, trabajando en Querétaro en un medio hostil, sin haber logrado reconocimiento público en ninguna rama de las tres nobles artes (por más que, entre el pueblo, su monumento a Carlos IV y su fuente de Neptuno causasen admiración) y rodeado de personas que ponían en duda su grado académico. La poca obra que se le conocía entonces era atacada por los recalcitrantes barrocos de Querétaro y menospreciada por los académicos de México. Ni unos ni otros (y, para el caso, ni muchos estudiosos posteriores) comprendieron el carácter no neoclásico, sino clasicista de su obra. Los más despiertos veían un híbrido en su obra, sin atinar a entenderla.

Fábrica de Textiles de Zempoala

Una vez encarrilado en Celaya, construyendo sus dos grandes obras maestras, empezó a recibir la admiración de artistas y viajeros y a ser valorado por sus compatriotas, que le llenaron de encargos. Rebeló un carácter agradable y afable, participó en el gobierno de la ciudad y recibió la estimación general. Es quizás debido a su influencia como Maestro Mayor de Obras que en esta ciudad queden tan pocas estructuras arquitectónicas barrocas. Sin embargo, gracias a su influencia y a la riqueza que la agricultura generaba, Celaya se transformó en una alegre y bella ciudad, de la que los viajeros decimonónicos dan cuenta. La proporción y elegancia de su arte son evidentes en los más bien escasos ejemplos de su intervención en arquitectura civil que subsisten en la ciudad, ya que la codicia y falta de cultura de los propietarios de inmuebles nos han negado la oportunidad de apreciarla en su esplendor, al empeñarse en hacer desaparecer “lo viejo” y volver económicamente más rentables sus inmuebles.

La verdadera crítica razonada no se manifiesta durante su vida, sino hasta casi un siglo después de su muerte. Esa crítica es, en la mayor parte, muy positiva, si bien hay algunos que se empeñan en denostar su obra al insistir en su carácter de malogrado artista neoclásico. Por otro lado, los trasnochados del barroco insisten en encontrarle detalles que lo mantienen atado a este estilo (en ñoñerías como el uso de azulejos en partes de exteriores visibles y, sobre todo, la decoración de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, su sepulcro, maximalista, en el que se encuentran detalles clasicistas integrados a marcos de espejos y molduras barrocos y hasta rococó. Pero esta capilla, pequeña en dimensiones y falta de monumentalidad, no es relevante para una crítica objetiva de la obra de este artista).

Uno de sus primeros críticos fue Manuel Payno quien, en 1843, refiriéndose a la iglesia de El Carmen, escribe: “Heme ya extasiado ante la fachada del Carmen, extasiado verdaderamente, porque excepto la Catedral de México, no había visto otro edificio en el cual se pudiera reconocer la verdadera elegancia del arte”.

Decoración del interior de la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores

Entre los extranjeros, Silvester Baxter en 1934, en su obra La Arquitectura Hispano Colonial En México, sostiene que el trabajo realizado por Tresguerras es “una obra maestra en su género”.

En Arquitectura, Tresguerras fue el intérprete, adaptador e introductor en la Nueva España/México de un estilo artístico que surgió en Europa entre dos y tres siglos antes, fue ampliamente imitado -sin llegar a ser igualado- y su influencia se dejó sentir en todo el centro de México hasta principios del siglo XX, en buena parte de la llamada “arquitectura porfiriana”. La calidad de su obra -aún debatible- y la diversidad de áreas en las que incursionó -más allá de la universalidad – le hicieron acreedor al mote de el “Miguel Ángel Mexicano”. Falleció en Celaya, la patria que le vio nacer, el 3 de agosto de 1833.

¡Comparte en tus redes!

Publicidad
Lo + Leído

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  Al enviar tu comentario, aceptas que tus datos personales sean procesados por Diario Mas Noticias de acuerdo con nuestra Política de Privacidad.

Información sobre protección de datos

  • Responsable: Diario Mas Noticias
  • Finalidad: Controlar el spam, gestión de comentarios
  • Legitimación: Tu consentimiento
  • Comunicación de datos: No se comunicarán a terceros salvo obligación legal
  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido
  • Contacto: administracion@diariomasnoticias.com
  • Más información: Política de Privacidad

Scroll al inicio