Desde el viernes en la noche, en Las Tablas, ya se sentía lo que venía para el día del Desfile de las Mil Polleras, en su versión número 23. Los hoteles ya estaban llenos, mientras que las casas alquiladas recibiendo a sus huéspedes temporales, pues, muchos prefieren viajar desde el viernes para evitar el tranque de entrada al pueblo el mismo día del desfile.
Llegó el sábado, y el sol aún no había terminado de subir cuando ya el pueblo latía distinto. No es un día más, es el día en que Panamá se viste de memoria, el Desfile de las Mil Polleras volvió a romper su propio molde y escribió una nueva página dorada, más de 21 mil polleras, sí, más de veintiún mil damas empolleradas bailaron juntas, bordando un “récord histórico” que ya no cabe en titulares, sino en la piel.
Yo estuve allí, como todos los años. Y no se “ve” solo un desfile, se vive La Pollera como viaje interior, y es que ahora para muchísimas damas panameñas vestirse de pollera no es ponerse un traje; es entrar a una genealogía y conectarse con sus ancestros.
Cada encaje cuenta una historia de una abuela, cada tembleque es una constelación y brillos, cada paso es una promesa cumplida. Caminar Las Tablas ese día fue caminar dentro de un museo vivo que respira, suda y sonríe. La Pollera no desfila, cuenta su propia historia.
Había nervios, orgullo, lágrimas discretas. Madres ajustando peinetas, poniendo collares en su orden, abuelas corrigiendo un pliegue, niñas aprendiendo que la belleza también es disciplina. Y hombres, muchos, vistiendo camisilla y Sombrero Pintao con la dignidad de quien sabe que el folklore no es accesorio, es la misma vida.
El Desfile de las Mil Polleras es una materia de cultura, folklore y tradición, pues en esta actividad se mezclan, entre otros estilos y tipos de polleras, la Pollera de Gala (con tembleques de lujo), la Pollera Montuna, Pollera de Basquiña, Pollera de Labor, Pollera Congo y Polleras regionales de Azuero, de La Chorrera, de Chiriquí, de Coclé, Bicas, Veraguas y Darién, en fin, todo el país representado en su diversidad y vestuario, en un solo lugar. Cada una con su tiempo, su función y su historia. Ninguna disfrazada. Todas auténticas.

Mil Polleras es un motor económico que no se disfraza se viste de folklore
El folklore también paga cuentas. Y muchas, diría yo. Se estima que más 200 mil personas viajaron a Las Tablas y se movilizaron por toda la región de Azuero. El resultado fue inmediato y contundente.
Hoteles: ocupación real por encima del 100%, (casas, cuartos, hospedajes improvisados) que también se llenaron, a tal grado que muchas ya quedaron reservadas para la versión 2027.
Restaurantes y fondas: doble abastecimiento porque hay que estar preparados para la “fiebre del folklore”, filas interminables, turnos extendidos y doblados.
Y si vemos la economía temporal: artesanos, vendedores ambulantes, alquiler de estacionamientos, transporte informal, guías espontáneos, todos estaban trabajando, mejor dicho, todo el pueblo estuvo trabajando.
Metiéndonos en los números, con una estimación conservadora del impacto económico directo, si cada visitante gastó en promedio entre USD250 y USD400 (alojamiento, comida, transporte, compras), el evento movilizó entre USD50 y USD 80 millones en pocos días. Sin contar el impacto mediático ni el valor cultural intangible. Panamá, en Pollera, también factura, diría Shakira.

Un ejército de héroes silenciosos, los artesanos
Nada de esto sería posible sin ellos. El desfile evidenció algo clave, han aumentado los artesanos. Y no es moda; es vocación recuperada. Confeccionistas de polleras y Tembleques, orfebres de cadenas, Tapa Huesos, Peinetas, Escapularios, Cadena Bruja, Coronas y demás, artesanas de encajes, Mundillos y labores, zapateros de Babuchas y bordadoras que trabajan meses, a veces años, para completar una sola pieza, la Pollera de Panamá.
Pero ojo, que el traje masculino también brilló con justicia histórica, la Camisilla, con sus botones de oro, el Sombrero Pinta´o, finamente trenzados, además de las camisas Guaniqueñas, la Antonera, las Montunas, todas juntas, confirmaron que el folklore panameño es diálogo entre géneros, no monólogo.
¿Cuánto vale un pueblo lleno de polleras? Hagamos números, sin miedo
Cantidad estimada: 22,000 polleras en calle, con un valor promedio por Pollera (con prendas) de entre USD5,000 y USD30,000, podríamos estar calculando que el valor patrimonial desfilando todas al mismo tiempo, de entre 110 millones 600 millones de dólares bailando un rico tamborito o murgas juntas. Es que esto no es lujo: es patrimonio en movimiento.

Panamá ante el mundo
El Desfile de las Mil Polleras ya no es solo una fiesta local. Es un producto turístico cultural de clase mundial, comparable con grandes celebraciones de identidad del planeta. Aquí no se actúa para el turista, se le invita a presenciar y vivir lo sagrado del país, y así lo hacen cientos que se ven por todo el pueblo viviendo una gran experiencia.
Panamá entendió algo esencial, cuando el folklore se cuida, el turismo llega solo y cuando llega, no se va igual, se va transformado y las cajas registradoras y cuentas bancarias lo sienten.
Este 17 de enero, Las Tablas no fue un pueblo, fue un corazón enorme latiendo y el mundo, aunque no lo sepa aún, volvió a mirar hacia acá, porque hay tradiciones que no pasan, desfilan eternamente. Nos vemos en 2027.