El despertar del turismo gastronómico en Panamá: una mesa de oportunidades que está servida

29/01/2026

Hoy me desperté con algo de hambre y con ganas de disfrutar un plato diferente, en este caso, la gastronomía panameña está despertando y poniendo a disposición una mesa servida de variedad, fusión y experiencias inéditas que se convierten, también, en una oportunidad para fortalecer el turismo nacional.

Algo sabroso está pasando en Panamá y no me refiero al Sancocho ni al Tamal de Olla o el de hojas de Bijao, aunque bien podrían ser los culpables, sino a ese nuevo fenómeno que está atrayendo paladares del mundo: el Turismo Gastronómico. Sí, ese que antes parecía reservado para Perú, México, España o Italia, ahora empieza a cocinarse con buen fuego en suelo istmeño.

Durante años, Panamá fue vista como un país de tránsito, de paso, un punto en el mapa donde se comía “rico” pero sin trascendencia. Hoy, el aroma y los sabores han cambiado. Los viajeros no solo vienen a cruzar el Canal ni a mirar rascacielos tropicales, vienen a probar, a descubrir, a saborear la identidad panameña en cada plato.

Pero ¿qué está pasando en la cocina panameña?, la respuesta está en varios ingredientes: el auge de chefs jóvenes formados dentro y fuera del país, el impulso de la economía creativa, el resurgimiento del orgullo por lo local, y, no menos importante, la fusión de culturas que siempre ha sido la esencia de nuestro país. Desde la colonización española hasta la llegada de migrantes afroantillanos, chinos, árabes, franceses, judíos y suramericanos, Panamá se convirtió en un laboratorio culinario que no para de innovar, solo que no lo habíamos notado.

Panamá es una cocina viva. El arroz con guandú y coco, el mondongo a la culona, los patacones y la carimañola, conviven con el Chow Mein chorrerano, los wantones en fondas, la sopa de pata, el tamal de maíz nuevo y los dulces de feria. Cada receta tiene una historia y un pedazo de identidad. Esa diversidad, que durante mucho tiempo fue vista como dispersión, hoy es precisamente su fortaleza.

Algo que muchos no han notado, hoy el mundo está hambriento de autenticidad. Los viajeros modernos buscan experiencias sensoriales que cuenten historias, que tengan alma. La comida panameña es eso: memoria, mezcla y mestizaje. Además, el desarrollo de festivales gastronómicos, rutas del café, del cacao y del ron, junto con el empuje de destinos emergentes como Boquete, Pedasí, Bocas del Toro y hasta la Ciudad de Panamá, ha despertado una nueva narrativa turística: “Ven a Panamá, pruébalo todo”.

Las redes sociales también han tenido su sazón en este plato. Las imágenes de mariscos en la Cinta Costera, ceviches del Mercado de Mariscos, desayunos interioranos o restaurantes con vistas al Pacífico se han vuelto irresistibles para los foodies internacionales.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Primero, creérnoslo. Tener la convicción de que la comida panameña puede competir en las grandes ligas. La educación turística y la promoción internacional deben caminar juntas: no se trata solo de servir platos, sino de contar historias. El visitante debe sentir que cada bocado tiene un alma.

Las autoridades del turismo deben incluir la gastronomía como eje importante de la promoción de país. No solo en ferias internacionales, sino en políticas concretas que conecten al productor con el chef, y al chef con el destino. El sector privado, por su parte, tiene una oportunidad de oro para innovar en experiencias sensoriales: desde restaurantes de autor hasta fondas gourmet que dignifiquen lo tradicional.

El futuro del turismo gastronómico panameño

Panamá tiene todo para posicionarse como un destino gastronómico de nivel mundial. Solo falta decisión, orgullo y estrategia. La cocina panameña puede ser, y debe ser, una embajadora cultural. Si el turismo de naturaleza, playa y ciudad ya está consolidado, el gastronómico es el nuevo plato fuerte que nos permitirá diversificar la oferta y atraer a un viajero más curioso, más consciente y dispuesto a quedarse.

Recordemos entonces que:

El turismo gastronómico no se sirve en bandeja: se cocina con identidad.
Cada plato panameño es una historia de encuentro, resistencia, olor y sabor.
Nuestra mezcla de culturas no es confusión: es riqueza culinaria.
Un país que no valora su cocina no entiende su alma.
Panamá tiene la mesa servida, solo falta que todos nos sentemos a comer, y a creer.
Panamá está lista. Solo necesitamos prender el fogón del orgullo nacional y dejar que el mundo huela lo que aquí se está cocinando.

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